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Bachué es una de las figuras más importantes en la mitología muisca. Para los muiscas, ella es la madre de la humanidad, una diosa que encarna la fertilidad y la creación. Su leyenda comienza en la laguna de Iguaque. La historia cuenta que Bachué emergió de las aguas de la laguna con un niño pequeño en sus brazos. A lo largo del tiempo, ese niño creció y se convirtió en su compañero. Juntos, comenzaron a poblar la tierra, dando origen a los primeros hombres y mujeres de la civilización muisca. Bachué les enseñó el valor del trabajo en la agricultura, las leyes que debían seguir y las costumbres para vivir en armonía. Bajo su guía, los muiscas aprendieron a cultivar la tierra y a respetar la naturaleza que les daba sustento.
Con los años, cuando ya habían cumplido su misión, Bachué y su esposo, envejecidos, volvieron a la laguna de Iguaque. Allí, ambos se transformaron en serpientes y desaparecieron bajo sus aguas, pero antes prometieron velar siempre por su pueblo. Esta transformación simboliza para los muiscas el ciclo eterno de la vida, en el que todo nace, se desarrolla y eventualmente regresa a la tierra.
Bachué no solo representa el origen de la humanidad, sino también la conexión sagrada con la naturaleza. Su relación con el agua, la fertilidad y el ciclo de la vida resuena profundamente en la cosmovisión muisca, que ve en la naturaleza a un ser vivo con quien deben convivir en equilibrio. La laguna de Iguaque, lugar donde comenzó y terminó la historia de Bachué, sigue siendo hoy un sitio de gran valor espiritual, y quienes visitan la región la consideran un lugar de peregrinación.
La leyenda de Bachué simboliza la posibilidad que podemos vivir en armonía con la naturaleza, respetando los ciclos de la vida y valorando el agua, la tierra y todo lo que ellas nos ofrecen.


